Domingo, 29 de noviembre de 2026 — I Domingo de Adviento
¡Velen!
Marcos 13,33-37
Lecturas del día: Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo 79, 2-3. 15-16. 18-19; 1 Corintios 1, 3-9; Marcos 13, 33-37.
El Evangelio
Jesús dice: Estén atentos, velen, porque no saben cuándo llegará el momento. Es como un hombre que se va de viaje, deja su casa, encarga a sus servidores, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele. Velen, pues, porque no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer. Que no venga de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Velen!
Reflexión
El Adviento comienza con una sola palabra: Velen. No sabemos la hora, y por eso toda la vida es la hora. El dueño de la casa puede venir al atardecer de la vejez, a medianoche, al canto del gallo o en la mañana de la infancia, como enseña Teofilacto; cada edad debe estar atenta al fin. “No solo quienes gobernamos las Iglesias, sino todos, estamos obligados a vigilar las puertas de nuestros corazones”, dice san Gregorio, “para que no entren las malas sugestiones del diablo”. Y san Agustín nos recuerda que el día del Señor llega a cada uno cuando le llega el día de partir de esta vida. El Adviento no es solo la espera de la Navidad; es el entrenamiento de un corazón listo para cuando venga el Dueño.
De los Padres
“No solo quienes gobernamos las Iglesias, sino todos, estamos obligados a vigilar las puertas de nuestros corazones, para que no entren las malas sugestiones del diablo y para que nuestro Señor no nos encuentre dormidos.”
— San Gregorio Magno, Homilía 9 sobre los Evangelios, en la Catena Aurea sobre Marcos 13,33–37
“Porque ese día llega a cada hombre cuando le llega el día de partir de esta vida, tal como ha de ser juzgado en ese día, y por eso todo cristiano debe velar, para que la venida del Señor no lo encuentre desprevenido.”
— San Agustín, Carta 199, en la Catena Aurea sobre Marcos 13,33–37
Santo del día
San Saturnino de Toulouse (m. c. 257), obispo y mártir. Enviado desde Roma por el papa Fabián como uno de los “Apóstoles de las Galias”, fue el primer obispo de Toulouse. Al negarse a sacrificar a los ídolos, lo ataron por los pies a un toro y lo arrastraron por la ciudad hasta morir. Su fiesta se celebra el 29 de noviembre en el Martirologio Romano; la liturgia del domingo tiene precedencia hoy.
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Fuentes: las lecturas del día siguen el leccionario dominical, ciclo B (USCCB, Leccionario 2). El texto del Evangelio no se reproduce aquí; léelo en el enlace de arriba. Citas patrísticas: Catena Aurea sobre Marcos 13,33–37, compilada por santo Tomás de Aquino, traducida por John Henry Newman (1841, dominio público); la versión española es traducción propia de esa edición.