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Miércoles, 2 de diciembre de 2026 — Miércoles de la primera semana de Adviento

Siete panes y unos pocos pescados

Mateo 15,29-37

Lecturas del día: Isaías 25, 6-10a; Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6; Mateo 15, 29-37.

El Evangelio

Jesús sube a un monte junto al mar de Galilea, y grandes multitudes le llevan cojos, ciegos, mudos y muchos otros; los sana a todos, y la multitud glorifica al Dios de Israel. Después, movido de compasión por la gente que lleva tres días con él sin tener qué comer, toma siete panes y unos cuantos pescados, da gracias, los parte y los entrega a los discípulos, que los reparten a la gente. Todos comen hasta saciarse, y sobran siete canastos de pedazos.

Lee el Evangelio (USCCB)

Reflexión

La multitud vino a ser sanada y no se atrevió a pedir comida; pero Aquel que ama al hombre se la da sin que la pidan, dice san Juan Crisóstomo. Esperó hasta el tercer día, cuando todo lo que habían traído se había consumido, para que, puestos primero en necesidad, recibieran el alimento con mayor hambre. San Jerónimo señala el orden: Cristo primero quitó las enfermedades de los enfermos, y después dio de comer a los que habían sido sanados. La Glosa saca la lección para el alma: primero hay que borrar el pecado, y después el alma se alimenta con la palabra de Dios. Y Remigio ve en el mismo acto las dos naturalezas de Cristo: en su compasión por la multitud muestra el sentimiento de la fragilidad humana; en la multiplicación de los panes, la obra de su divinidad. Él sana primero, y después alimenta; solo nos pide que le llevemos lo poco que tenemos.

De los Padres

“Porque la multitud, cuando vino a ser sanada, no se había atrevido a pedir comida, pero Aquel que ama al hombre y cuida de todas las criaturas, se la da sin que la pidan.”

— San Juan Crisóstomo, Homilía 53 sobre Mateo, en la Catena Aurea sobre Mateo 15,29–37

“Cristo primero quitó las enfermedades de los enfermos, y después dio de comer a los que habían sido sanados.”

— San Jerónimo, en la Catena Aurea sobre Mateo 15,29–37

Santo del día

Santa Bibiana, virgen y mártir (m. c. 360), mártir romana cuyos restos descansan en la iglesia construida sobre su casa en Roma. El registro más antiguo de ella está en el Liber Pontificalis, que dice que el papa Simplicio construyó una iglesia sobre su tumba; según el relato antiguo, era hija de los cristianos Flaviano y Dafrosa, y después de que sus padres fueran condenados a muerte bajo el emperador Juliano, se mantuvo firme en la fe y murió bajo el azote.

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Fuentes: las lecturas del día siguen el leccionario diario (USCCB, Leccionario 177). El texto del Evangelio no se reproduce aquí; léelo en el enlace de arriba. Citas patrísticas: Catena Aurea sobre Mateo 15,29–37, compilada por santo Tomás de Aquino, traducida por John Henry Newman (1841, dominio público); la versión española es traducción propia de esa edición.