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Viernes, 4 de diciembre de 2026 — Viernes de la primera semana de Adviento

Conforme a su fe

Mateo 9,27-31

Lecturas del día: Isaías 29, 17-24; Salmo 26, 1. 4. 13-14; Mateo 9, 27-31.

El Evangelio

Al pasar Jesús, lo siguen dos ciegos gritando: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Cuando entra en la casa, se le acercan, y les pregunta: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos responden: “Sí, Señor”. Les toca los ojos y dice: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”, y se les abren los ojos. Les advierte severamente que no lo digan a nadie, pero ellos, al salir, divulgan su fama por toda la región.

Lee el Evangelio (USCCB)

Reflexión

Los dos ciegos no pueden ver, y sin embargo creen solo por el oído, y san Juan Crisóstomo llama a esto una acusación contra quienes tenían vista y no quisieron creer los milagros hechos ante ellos. Su fe se pone a prueba en la casa: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos responden: “Sí, Señor”, y él les toca los ojos: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Crisóstomo señala que ya no lo llaman solo Hijo de David, sino que confiesan su señorío. Después les ordena no decirlo a nadie, y san Jerónimo ve por qué: el Señor, por humildad, rehúye la fama de sus obras gloriosas, mientras ellos, por gratitud, no pueden callar ante tan gran beneficio. San Gregorio saca la regla para nosotros: nuestras buenas obras deben esconderse por designio, y publicarse solo por necesidad, para provecho de otros.

De los Padres

“No es pequeña acusación contra los judíos que estos hombres, habiendo perdido la vista, crean sin embargo solo por medio del oído; mientras que los que tenían vista no quisieron creer los milagros que se hicieron.”

— San Juan Crisóstomo, Homilía 32 sobre Mateo, en la Catena Aurea sobre Mateo 9,27–31

“El Señor, por humildad, rehuyendo la fama de sus obras gloriosas, les dio esta orden, y ellos, por gratitud, no pueden callar ante tan gran beneficio.”

— San Jerónimo, en la Catena Aurea sobre Mateo 9,27–31

Santo del día

San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia (c. 675–749). Nacido en Damasco, dejó un alto cargo en la corte del califa para hacerse monje y sacerdote en el monasterio de Mar Saba, cerca de Jerusalén. Defendió la veneración de las imágenes sagradas contra los emperadores iconoclastas, y el papa León XIII lo nombró doctor de la Iglesia en 1890.

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Fuentes: las lecturas del día siguen el leccionario diario (USCCB, Leccionario 179). El texto del Evangelio no se reproduce aquí; léelo en el enlace de arriba. Citas patrísticas: Catena Aurea sobre Mateo 9,27–31, compilada por santo Tomás de Aquino, traducida por John Henry Newman (1841, dominio público); la versión española es traducción propia de esa edición.