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Sábado, 26 de diciembre de 2026 — Fiesta de san Esteban, protomártir

Esteban, el primer mártir

Mateo 10,17-22

Lecturas del día: Hechos 6,8-10; 7,54-59; Salmo 30,3cd-4.6.8ab.16bc.17; Mateo 10,17-22.

El Evangelio

Jesús advierte a sus discípulos: “Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas, y los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los paganos”. Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir: se les dará en ese momento, porque no serán ustedes quienes hablen, sino el Espíritu de su Padre, que hablará en ustedes. El hermano entregará a la muerte al hermano, y los hijos se levantarán contra los padres. “Todos los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará”.

Lee el Evangelio (USCCB)

Reflexión

Al día siguiente de Navidad, la Iglesia nos muestra el costo del don: Esteban, lleno de gracia y de poder, muere apedreado por el mismo Nombre. Jesús no esconde el precio; lo anuncia antes de que llegue, para que sus discípulos no se sorprendan cuando aparezca. “Es un poder mucho mayor y más admirable el que puede cambiar sus corazones que el que puede matarlos”, dice san Juan Crisóstomo. Y añade la promesa que sostiene a todo mártir: no se preocupen por sus palabras, porque el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. “La virtud no está en empezar, sino en terminar”, dice san Jerónimo. La corona no es para los que empiezan, sino para los que perseveran hasta el fin.

De los Padres

“Es un poder mucho mayor y más admirable el que puede cambiar sus corazones que el que puede matarlos.”

— San Juan Crisóstomo, Homilía 33 sobre Mateo, en la Catena Aurea sobre Mateo 10,16–18

“La virtud no está en empezar, sino en terminar.”

— San Jerónimo, en la Catena Aurea sobre Mateo 10,21–22

Santo del día

San Esteban, diácono y protomártir. Lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios entre el pueblo y hablaba con una sabiduría que nadie podía refutar. Arrastrado fuera de la ciudad y apedreado, oró al morir: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”, y de rodillas: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. Los testigos dejaron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo, que llegaría a ser san Pablo.

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Fuentes: las lecturas del día siguen el leccionario diario (USCCB, Leccionario 696). El texto del Evangelio no se reproduce aquí; léelo en el enlace de arriba. Citas patrísticas: Catena Aurea sobre Mateo 10,17–22, compilada por santo Tomás de Aquino, traducida por John Henry Newman (1841, dominio público); la versión española es traducción propia de esa edición.