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Jueves, 31 de diciembre de 2026 — Séptimo día dentro de la octava de Navidad

En el principio era la Palabra

Juan 1,1-18

Lecturas del día: 1 Juan 2,18-21; Salmo 95,1-2.11-12.13; Juan 1,1-18.

El Evangelio

El Evangelio de hoy es de nuevo el prólogo de Juan, escuchado ahora en el último día del año: antes de todas las cosas ya existía la Palabra, que estaba con Dios y era Dios. Por ella se hizo todo lo que existe; en ella estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres, que brilla en las tinieblas y que las tinieblas no han podido vencer. Juan el Bautista vino como testigo de la luz, para que todos creyeran por medio de él; él no era la luz, solo su testigo. La luz verdadera llegó al mundo, pero el mundo no la conoció y los suyos no la recibieron. A quienes sí la recibieron les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios, nacidos no de la carne ni de la voluntad humana, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, llena de gracia y de verdad. De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.

Lee el Evangelio (USCCB)

Reflexión

El año termina donde empezó la Navidad: con la Palabra que era en el principio. “Los otros evangelistas describen a Cristo nacido en el tiempo”, dice Beda; “Juan atestigua que Él era en el principio. Los otros prueban que es verdadero hombre; él, que es verdadero Dios”. Un platónico dijo una vez, nos cuenta san Agustín, que el comienzo de este Evangelio debería copiarse en letras de oro y colocarse en el lugar más visible de cada iglesia. Y el don que guarda es dado, no fabricado: “No dice que los hizo hijos de Dios, sino que les dio poder de llegar a ser hijos de Dios”, dice san Juan Crisóstomo, “mostrando que hace falta mucho cuidado para conservar sin mancha la imagen formada por nuestra adopción en el Bautismo”. Lleva ese poder al año nuevo: la luz sigue brillando, y las tinieblas no la han vencido.

De los Padres

“Cierto platónico dijo una vez que el comienzo de este Evangelio debería copiarse en letras de oro y colocarse en el lugar más visible de cada iglesia.”

— San Agustín, La ciudad de Dios, en la Catena Aurea sobre Juan 1,1–5

“No dice que los hizo hijos de Dios, sino que les dio poder de llegar a ser hijos de Dios, mostrando que hace falta mucho cuidado para conservar sin mancha la imagen formada por nuestra adopción en el Bautismo.”

— San Juan Crisóstomo, Homilía 10 sobre Juan, en la Catena Aurea sobre Juan 1,11–13

Santo del día

San Silvestre I, papa (314–335). Obispo de Roma desde 314 hasta su muerte en este día del año 335, gobernó la Iglesia en los primeros años de paz después de las persecuciones, durante el reinado del emperador Constantino. El Primer Concilio de Nicea (325), que condenó el arrianismo y confesó que el Hijo es Dios verdadero de Dios verdadero, se celebró durante su pontificado, y él estuvo representado allí por sus legados. Según la tradición, bautizó al emperador Constantino. Fue sepultado en la catacumba de Priscila, en Roma.

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Fuentes: las lecturas del día siguen el leccionario diario (USCCB, Leccionario 204). El texto del Evangelio no se reproduce aquí; léelo en el enlace de arriba. Citas patrísticas: Catena Aurea sobre Juan 1,1–18, compilada por santo Tomás de Aquino, traducida por John Henry Newman (1841, dominio público); la versión española es traducción propia de esa edición.